20 razones que tu pastor tiene para prohibirte profetizar

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1. Por tu falta de Compromiso. Eres un simple visitante, y aunque eres miembro eres inconstante. Eso habla de ti mucho más de lo que crees, como tu falta de compromiso y responsabilidad. Así que, cuando se te ocurre aparecer sólo quieres hablar lo que supuestamente el Señor te ha revelado. Eso te quita confiabilidad.

2. Eres un neófito. Existe un alto contraste entre tu vida espiritual y tu conocimiento bíblico. Careces del más sentido bíblico en tus argumentos, no te apegas a la doctrina de la Iglesia y menos al contexto bíblico cuando hablas. Se ve y escucha que eres apasionado de lo sobrenatural pero un neófito de la Biblia. Presumes de vivir tremendas cosas espirituales, pero en realidad careces de lo más básico, las disciplinas espirituales como: el estudio bíblico diario, la congregación, el servicio y la oración, entre otros.

3. No eres humilde. Sólo porque Dios confirmó dos que tres de tus profecías, se te subió el cuello y apenas puedes sostener tu cabezota. Perdiste todo sentido de humildad y servicio. Te llenaste de vanagloria Ahora te has convertido en un crítico sin construcción. Nadie quiere trabajar contigo, probablemente ahora lo espiritualizas todo. No hay nada más terrible que un siervo de Dios con soberbia, orgullo y poca pasión por servir a otros. La medicina, mejor no dejarte hablar hasta que seas reprendido y corregido.

4. El gobierno de tu casa. Probablemente seas capaz, talentoso y tus dones sean poderosos en Dios. Y aunque parece que todo está bien en tu vida, no es así. Eres un irresponsable y mentiroso con tus hijos, maltratas a tu esposa. Puede ser que seas un gran cantante pero no eres un adorador. Mientras tu esposa te escucha hablar, ella dice: "maldito hipócrita, pero vas a caer".

5. Profeta Emocional. Tus profecías son acordes a tus emociones: alguien trató mal a un amigo, le robaron a tu hermana, alguien no te cumplió, sabes que un hermano está debilitado, te molesto que te dijeran que No... En fin, haces uso de la información que previamente posees para emitir tus predicciones que supuestamente son profecías.

6. Eres un falso, impostor y manipulador. Realmente eres un falso profeta, un falso maestro. Ya es sabido entre los hermanos que sólo manipulas información para sacar provecho de los demás. ¡Arrepientete!

7. No te sujetas. Por más profeta que seas tu no eres el pastor. Podrías ser un anciano del consejo de la Iglesia, pero el responsable del alma y el cuidado de las ovejas es el Pastor. Aunque has demostrado ser un hombre entendido, no te sujetas a tus autoridades, y de hecho, te crees que como ungido de Dios deberías estar en su lugar o ser más estimado por todo lo que has logrado para la obra.

8. Eres un profeta tóxico. No hay cosa más difícil que ser ciego y no poder ver lo que está tan claro ante tus ojos. De la misma manera que, tienes una revelación de Dios, una palabra profética personal pero no sabes como entregarla. En lugar de consolar, edificar y restaurar; derribas, humillas y destruyes. El pastor no puede permitirte herir así a las ovejas. Todo es juicios contigo. ¡Quién te crees!

9. Eres inseguro y tus profecías son ambiguas. Probablemente el pastor ya observó, que cuando emites una profecía estás detrás de ver cómo se cumple. Empiezas a caer en una red dañina para ver cómo llega a su cumplimiento y te enredas en lo que no debes. Esa inseguridad, comienza a producir en ti profecías que no vienen de Dios, y sí lo vienen las estás manipulando e interpretando para tu comodidad en caso de que no se cumplan.


10. Lo espiritualizas todo. Ahora ves demonios en todas partes. Recibes mensaje de Dios de todos lados y de toda cosa. Eso no es así. Todo tiene su tiempo, y Dios quiere que comprendas, entiendas y guardes las profecías para consuelo, restauración y edificación de tu alma. De nada sirve, recibir 30 profecías diarias sino entiendes ninguna de ellas. Por tanto, lo que produces en quienes te escuchan es miedo, terror, estupor, dudas y comenzarán a alejarse. No es posible satanizarlo todo.

11. Eres místico. Sí lo estás espiritualizando todo, muy probablemente te conviertas en alguien místico. Quieres ser un profeta como los de los tiempos bíblicos, un ermitaño. Pero, esos tiempos ya pasaron. No es así ahora, perteneces a un cuerpo de Cristo, tienes hermanos y hermanas que necesitan tocarte, amarte y conocerte. Tus maneras de ministrar al Espíritu Santo se están alejando de las prácticas más lógicas y razonables. Te escondes en la supuesta sobrenaturalidad de Dios, y en que el Señor actúa como quiere y sin límites. Hasta tienes de escudo esos pasajes bíblicos de difícil interpretación que le pasaron a algunos profetas de la Biblia guardados debajo de la manga por sí te toca presentar defensa de lo que haces. ¡No inventes! ¡Dios no puede ser burlado! Por ejemplo, ahora algunos no pueden profetizar sin tener un Talit. O siempre profetizan cuando tienen un Talit.

12. Eres un profeta político. Se ha dado los casos que cuando se trata de política, algunos cristianos parece que no lo son en esa área. Y cuando arranca la campaña de su partido, parece que el profeta y todo lo que Dios tiene para la nación es de ese color. Lo mejor es que te sientes, guardes silencio. La Iglesia no es partidista ni apolítica. Conoce de la política pero no hace proselitismo. ¡Ten cuidado!

13. No hay Intérprete. Muchos hermanos usan las lenguas espirituales para profetizar. Y siempre requieren de un intérprete que lo confirme. Algunos hermanos hablan en lenguas y se interpretan así mismos. Quizá, sea necesario, consultar con el pastor antes de intentarlo.

14. No tienes orden. Eres como un potro, alocado e impertinente. Dios podría estar dándote su palabra, pero eso no significa que todo lo tienes que decir y entregar en ese momento. Ahora te has vuelto contumaz y no respetas el orden de las cosas, lo planeado y organizado. Todo tiene su tiempo y su administración. No es posible que interrumpas al pastor en el momento que predica. Te pares y grites a toda voz, o le quites el micrófono para dar la palabra del Señor. Eso no se ve bien, irrespetas a toda la congregación y a tus autoridades. No importa quién tu crees que seas o puedes o te hayan autorizado para hacerlo. Mejor no sigas así.

15. Eres un profeta inexperto. Eliseo tuvo que esperar el final del ministerio de Elías para brillar. Probablemente, tu pastor ya vió tus dones ministeriales y tu llamado. Pero, necesitas tener cierto bagaje o experiencia en ello. Estudio en la Palabra de Dios y testimonio para dirigirte con seguridad y que el pueblo te reciba y asimile con salud. Aprende del anciano-profeta. No pelees por un lugar de atención y poder en la Iglesia. Dios te usará a su manera y en su tiempo, y en la circunstancia justa para ser escuchado. No tengas en poco tu juventud, no significa que tengamos que escuchar a un niño hablar lo que no entiende. Significa que Dios te llamó joven pero tendrás que ser pulido y afinado.

16. Participación Imprudente. A veces podemos estar cegados con el objetivo de entregar una palabra profética porque Dios nos la dio. Pero, todo tiene su tiempo. Existen casos donde hay una lucha de intereses, y que tú recibas algo y lo hagas público puede afectar negativamente en lugar de construir confianza. Por ejemplo, Dios podría estarte demostrando con total certeza un problema familiar. Pero tú eres su familia. No hay profeta en su propia tierra. No destruyas tu propia casa por imprudencia. Entrega la palabra con astucia y sabiduría. Habla con tu pastor y permite que él o el responsable sean las autoridades indicadas para tratar el sensible caso. No te afanes por profetizar, no te apures a decir: !A mí me lo reveló el Señor! Guarda silencio, la profecía no es tuya. La gloria debe ser siempre para el Señor.

17. Estás en disciplina. Todos somos humanos, y como tales, probablemente metiste el dedo gordo del pie en un caso. Como autoridad, el pastor o el consejo decidió que no participes directamente en los servicios. Ya se habló contigo y se aclararon los puntos. No insistas tratando de ejercer el oficio profético. Probablemente estás siendo probado. Sí sabes que es justo y aceptaste las condiciones. Mantente en reposo y siempre efervescente para el Espíritu Santo. Ninguna disciplina al inicio es causa de gozo, pero su resultado a su tiempo será de bendición no solamente para tí sino también para los demás.

18. Profeta de la división. Dios te ha usado, eso no se puede negar. Pero, algo te enfermó en el proceso que estás poniendo a todos en contra tuya y en contra de todos. Revolviendo las emociones de los demás que con aprecio, admiración te escuchan y siguen. Comenzaste muy bien, de entregaste y ahora exiges lo que no se te debe. Ahora divides y enfrías las relaciones de los que te aman contra tus autoridades y usando el papel de víctima e incomprendido. Tu carta de presentación es que los demás están mal y tienen celos de ti por como el Señor te usa. ¡Deja de competir!

19. Un profeta cansado del camino pero no del Ministerio. No sólo tú sino que ahora también los demás han visto en tí que has perdido tu primer amor. Dios te usa pero ya no lo hace con la frecuencia o la actividad que tenías. Puede deberse a muchas cosas. Pero lo cierto es que cuando estás estancado. Lo mejor casi siempre es volver a empezar. ¿Qué dejaste de hacer y qué hacías cuando Dios te usaba? ¿Necesitas un tiempo probablemente para descansar? ¿Estás herido? ¿Cansado? ¿Abatido por la prueba? No fuerces el don de Dios, es de Dios no tuyo. Dios te usará en el momento preciso. No te afanes por los milagros y las señales. Preocupate que estás en Libro de la Vida. Quizá cuidaste de muchos pero hoy por hoy has descuidado de tu viña. Encuéntrate en el Señor tu Dios.


20. Podrías estar en el lugar equivocado. Algunos hermanos son verdaderos profetas y profetisas del Señor. Pero este mover sobrenatural y único, que tienen milagros y maravillas, un don de fe, discernimiento y dones impresionantes; podría estar siendo mucho que digerir para los hermanos y su pastor. Podría decirse que estás en el lugar equivocado, pero quizá el Señor te llevo para un avivamiento. Deja que el Señor se los gane por su testimonio en ti. No fuerces nada. No corras, no te desesperes, amalos. A su tiempo, tendrás los frutos y la aprobación de todos. Y si no, el Señor te haya llevado con un propósito y en su justa hora te moverá a otro lugar porque definitivamente encontraste un NO total de la comunidad. Ellos sabrán que eres un verdadero creyente fuera de serie pero que no encaja en su estructura. Procura salir por la puerta delantera para guardar el testimonio y la comunión con los hermanos.

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